Fortunata y Jacinta
Fortunata y Jacinta —Pues no harás nada de más, avariento. Se están poniendo bien las cosas, a fe mía… El ciento de pintón, que estaba la semana pasada a diez reales, ahora me lo quieren cobrar a once y medio, y el pardo a diez y medio. Estoy volada. Los materiales por las nubes…
Samaniego se empeñó en que la santa había de tomar una copa de champagne.
—¿Pero tú qué has creído de mí, viciosote? ¡Yo beber esas porquerías!… ¿Cuándo cobras, mañana? Pues prepárate. Allí me tendrás como la maza de Fraga. No te dejaré vivir.
Poco después Guillermina y Jacinta hablaban a solas, lejos de todo oído indiscreto.