Fortunata y Jacinta

Fortunata y Jacinta

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—No, no, no —gritó Jacinta más bien airada que impaciente—. Ahora mismo… ¿Crees que yo puedo dormir en esta ansiedad?

—Pues lo que es yo, chiquilla, me acuesto —dijo el Delfín, disponiéndose a hacerlo—. Si creerás tú que te voy a revelar algo que pone los pelos de punta. ¡Si no es nada…! Te lo cuento porque es la prueba de que te han engañado. Veo que pones una cara muy tétrica. Pues si no fuera porque el lance es bastante triste, te diría que te rieras… ¡Te has de quedar más convencida…! Y no te apures por la plancha, hija. Ahí tienes lo que las personas sacan de ser demasiado buenas. Los ángeles, como que están acostumbrados a volar, no andan por la tierra sin dar un traspié a cada paso.

Se había acostumbrado de tal modo Jacinta a la idea de hacer suyo a Juanín, de criarle y educarle como hijo, que le lastimaba al sentirlo arrancado de sí por una prueba, por un argumento en que intervenía la aborrecida mujer aquella cuyo nombre quería olvidar. Lo más particular era que seguía queriendo al Pituso, y que su cariño y su amor propio se sublevaban contra la idea de arrojarle a la calle. No le abandonaría ya, aunque su marido, su suegra y el mundo entero se rieran de ella y la tuvieran por loca y ridícula.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker