Fortunata y Jacinta
Fortunata y Jacinta —¡Pero qué cosas tiene usted, Encinas! No nos haga usted tan poco favor. Ni que fuéramos chiquillas, para ir con el cuento y comprometerle a usted…
Pero una de aquellas señoras creÃa que era pecado mortal no indicar algo a Doña Lupe, porque ésta al fin lo tenÃa que saber, y más valÃa prepararla para tan tremendo golpe. ¡Pobre señora! Era un dolor verla con aquella tranquilidad, tan ajena a la deshonra que la amenazaba. Total, que la noticia llegó a la sutil oreja de Doña Lupe a los tres dÃas de haber salido del labio tÃmido de Rubinius vulgaris.