La Batalla de los Arapiles
La Batalla de los Arapiles 
- III -
ESPUÉS de larguÃsima jornada durante la tarde y gran parte de una hermosÃsima noche de Junio, España ordenó que descansásemos en Santibáñez de Valvaneda, pueblo que está sobre el camino de Béjar a Salamanca. TenÃamos provisiones relativamente abundantes, dada la gran escasez de la época, y como reinaba en el ejército muy buena disposición a divertirse, allà era de ver la algazara y alegrÃa del pueblo a media noche cuando tomamos posesión de las casas, y con las casas, de los jergones y baterÃas de cocina.
Tocome habitar en el mejor aposento de una casa con resabios de palacio y honores de mesón. Acomodó mi asistente para mà una hermosa cama, y no tengo inconveniente en decir que me acosté, sÃ, señores, sin que nada extraordinario ni con asomos de poesÃa me ocurriese en aquel acto vulgar de la vida. Y también es cierto, aunque igualmente prosaico, que me dormÃ, sin que el crepúsculo de mis sentidos me impresionase otra cosa que la histórica canción cantada[1] a media voz por mi asistente en la estancia contigua:
En el Carpio está Bernardo
y el Moro en el Arapil.
Como va el Tormes por medio,
non se pueden combatir.