Memorias de un cortesano de 1815
Memorias de un cortesano de 1815 Murmuraban muchos del privilegio de las harinas… que es muy común eso de no ver con buenos ojos al prójimo que saca el pie de la miseria. ¡Válgame Dios! ¿Por qué no se había de permitir al duque que se redondeara? Pues qué, ¿no es muy conveniente para la república que abunden en ella los hombres ricos? ¿Y por qué no había de serlo el duque, cuando con ello no perjudicaba más que a los tunantes labradores de toda Castilla, hombres ambiciosos, tan comidos de envidia como de miseria, y que todo lo querían para sí?
La amistad del duque y el soberano era íntima. Algunos decían que Alagón era un hombre asiático. ¡Qué vil calumnia! ¡Llamarle así porque gustaba de servir dignamente a su amigo! Buen tonto habría sido el duque si hubiera permitido que otro se encargara de las comisiones que él sabía desempeñar a maravilla. Sobre que el resultado habría sido el mismo, llevábase el provecho cualquier hidalguete de gotera o capigorrón entrometido.