Memorias de un cortesano de 1815
Memorias de un cortesano de 1815 Público es y notorio que ni uno ni otro gustaban de escándalos; nada de eso. En las recepciones públicas y audiencias privadas, amo y siervo tenían un sistema de señales mímicas, por las cuales se telegrafiaban cuanto había que comunicar respecto a las damas postulantes. Como aficionado a estudiar por si las costumbres del pueblo para aliviar sus necesidades y ver prácticamente los resultados de su gobierno absolutísimo, Fernando salía por las noches del regio alcázar, para lo cual, puesto de acuerdo el duque con el oficial de la guardia, eran alejados del paso todos los soldados. ¡Qué llaneza y familiaridad en un príncipe autócrata! ¡Qué elevación en su humildad, y cuánto se sublimaba abatiéndose hasta tocar con sus augustos codos los harapos del pueblo!… Porque Rey y favorito no salían para visitar los palacios de los grandes, ni darse tono en las principales calles y sitios públicos, entre galas y boato, sino que callandito y sin pompa se iban muy a menudo en la oscuridad de la noche a visitar a los pobres.
Y daban muy buenas limosnas; vaya… Me lo contó Juana la Naranjera.