Memorias de un cortesano de 1815

Memorias de un cortesano de 1815

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- XIII -

ON que le conviene a Vd. —me dijo el Duque afectuosamente— la Real Caja de Amor​ti​zación?

—Si el mejor servicio del Rey me lleva a esa dirección —repuse— ¿por qué no?

—Ya convine con D. Agapito Ugarte, que es Vd. el único hombre a propósito para tal puesto.

—Gracias, muchísimas gracias, señor duque. Es Usted tan bondadoso… Sí, D. Antonio tiene mucho empeño en que yo dirija la Caja de Amortización. Esa serie de juros de 1803, que andan por ahí, sin que nadie los quiera, necesitan una mano cariñosa que les dé colocación con preferencia a los que ahora tienen el turno.

—Perfectamente —dijo satisfecho de mi perspicacia—. Esos pobres juros no valen dos reales hoy; pero para todo hay remedio…

—Para todo, señor duque.

—Los únicos poseedores de ese papel somos Ugarte, yo… y otra persona.

—Comprendido.

—Hicimos la tontería de adquirirlos al dos…

—¡Oh!, no me cuente Vuecencia la historia. Si fui yo el encargado de comprarlos. Se compraron con intención de asimilarlos a los demás juros. D. Antonio y yo hemos hablado largamente del asunto, y es cosa arreglada, habiendo una mano enérgica en la administración.


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