Memorias de un cortesano de 1815

Memorias de un cortesano de 1815

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—Muy bien —dijo Su Excelencia regocijado de mis procedimientos ejecutivos—. Pero harto sabe Vd., Pipaón, que esa mano enérgica (ya hemos convenido que será la de Vd.), que esa mano enérgica, repito, no podrá extender sus dedos de hierro, mientras sea ministro de Hacienda el Sr. D. Juan Pérez Villamil.

—Por de contado. Mas en Madrid todos dan por muerto a Villamil.

—De eso se trata —afirmó preocupado—. Pero no es tan fácil como parece, por más que diga el Sr. Collado… ya Vd. le oyó… Villamil está apoyado por Ceballos, el cual tiene muy buenos asideros.

—Mas es tan deplorable la política de este señor, que no sería difícil dar con él en tierra… digo, me parece a mí.

—Vaya si es deplorable. Todo el reino está alarmado ante las amenazas de los liberales —dijo el duque mostrando mucho su celo por el bien público—. Las conspiraciones crecen.

—Y cómo no han de crecer, si ha desaparecido el coco de las comisiones de Estado, si hasta se han prohibido las denominaciones de liberales y serviles; si se ha mandado que en el término de seis meses queden falladas todas las causas por opiniones políticas.


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