Memorias de un cortesano de 1815
Memorias de un cortesano de 1815 —Yo soy muy desgraciada, D. Juan —me dijo—. ¿No conviene Vd. en que soy muy desgraciada?
—Según y cómo —respondí—, según y cómo. Puede Vd. ser muy desgraciada, pero muy desgraciada, y puede ser feliz, muy feliz, felicísima.
—Lo primero es lo cierto.
—¡Ah, si Vd. supiera, si yo dijera aquí todo lo que sé!, ¡oh, arcángel enviado por Dios a la tierra para consuelo de los tristes mortales!… Pero vamos por partes. ¿Se acuerda Vd. de la función de los Trinitarios y de la recepción de Su Majestad en la sala capitular del convento?