Memorias de un cortesano de 1815

Memorias de un cortesano de 1815

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Por entonces empezó la gran influencia de los rusos en la corte de España, aunque todavía no habían aparecido por las ventas de Alcorcón. Concluida la guerra vino acá el célebre Tattischief (a quien daré a conocer más adelante), el cual por su antecesor tenía ya noticias de las sutilezas de nuestro agente. Se hicieron tan amigos, que ambos salían de paseo, dándose el brazo, confundiéndose los bailarinescos antecedentes del uno con la noble prosapia del otro, para regocijo de la democracia que ya empezaba a invadirlo todo. El ruso, que era emprendedorcillo, como se verá en lo sucesivo y no había venido a Madrid a coger moscas, encontró su mano derecha en Ugarte, y este halló en el ruso un admirable espantajo que le sirviese de pantalla en la corte. Llevó Tattischief a Antonio I a la tertulia de Fernando, hízole conocer a este las altas dotes del antiguo maestro de zorongo, y no fue preciso más. La agencia de Ugarte se extendió; puso una mano en el corazón de la monarquía, y extendió la otra a los últimos confines de ella en Europa y en América. Un solo mundo no le bastaba.






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