Mendizábal
Mendizábal Acometido de una tos violentísima, parecía que se ahogaba. Amoratado y convulso, faltábale poco para echar los bofes y escupir el alma. «Con esta maldita tos —dijo cuando se fue sosegando, y se limpiaba de babas, mocos y lágrimas el encendido rostro—, ¿cómo quiere usted que sea uno político y orador?… Mi naturaleza es émula de mi bolsillo en el agotamiento, en la extenuación… No me forjo ilusiones de vivir el año que viene: estoy tísico pasado».