📕 Misericordia (Pérez Galdós, p. 321) - PlanetaLibro.net

Misericordia

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XXXIII

Acudió el propio Frasquito con el socorro del agua, y D. Romualdo, en cuanto la señora bebió y se repuso de su emoción, dijo al desmedrado caballero: «Si no me equivoco, tengo el honor de hablar con D. Francisco Ponte Delgado… natural de Algeciras… Por muchos años. ¿Es usted primo en tercer grado de Rafael Antrines, de cuyo fallecimiento tendrá noticia?».

—¿Falleció?… ¡Ay, no lo sabía! —replicó Ponte muy cortado—. ¡Pobre Rafaelito! Cuando yo estuve en Ronda el año 56, poco antes de la caída de Espartero, él era un niño, tamaño así. Después nos vimos en Madrid dos o tres veces… Él solía venir a pasar aquí temporadas de otoño; iba mucho al Real, y era amigo de los Ustáriz; trabajaba por Ríos Rosas en las elecciones, y por los Ríos Acuña… ¡Oh, pobre Rafael! ¡Excelente amigo, hombre sencillo y afectuoso, gran cazador!… Congeniábamos en todo, menos en una cosa: él era muy campesino, muy amante de la vida rústica, y yo detesto el campo y los arbolitos. Siempre fui hombre de poblaciones, de grandes poblaciones…

—Siéntese usted aquí —le dijo D. Romualdo, dando tan fuerte palmetazo en un viejo sillón de muelles, que de él se levantó espesa nube de polvo.


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