Misericordia
Misericordia —¡Señora, por la Virgen SantÃsima!
—¿Y si no volviese más?
—¡Si no volviese!… ¡Que no vuelve, que no nos entregará la… los…!
Al decir esto, la cara fláccida y desmayada del buen Frasquito expresaba un terror trágico. Se pasó la mano por los ojos, y lanzando un graznido, cayó en el sillón con un accidente cerebral, semejante al de la noche lúgubre, entre las calles de Irlandeses y MediodÃa Grande.