Misericordia
Misericordia Como casados, propiamente hablando, no lo estaban aún; pero el trámite que faltaba tenía que venir necesariamente. El padre del chico se personó en casa de Doña Paca, y allí se convino, llorando ella y pateando él, que no había más remedio que reconocer y acatar los hechos consumados. Y puesto que Doña Francisca no podía dar a su niña dinero o efectos, ni aun en mínima cantidad para ayuda de un catre, él daría a Luquitas alojamiento en lo alto del depósito de ataúdes, y un sueldecillo en la sección de Propaganda. Con esto, y el corretaje que pudiera corresponderle por trabajar el género en las casas mortuorias, colocación de artículos de lujo, o por agencia de embalsamamientos, podría vivir el flamante matrimonio con honrada modestia.