Tristana
Tristana »Acabo de recibir tu carta. ¡Cuánto me consuela! Me he reído de veras. Ya se me pasaron los esplines; ya no lloro; ya soy feliz, tan feliz que no sabo expresarlo. Pero no me engatusas, no, con tus limoneros y tus acequias de undosa corriente. Yo libre y honrada, te acepto así, aldeanote y criador de pollos. Tú como eres, yo como ero. Eso de que dos que se aman han de volverse iguales y han de pensar lo mismo no me cabe a mí en la cabeza. ¡El uno para el otro! ¡Dos en uno! ¡Qué bobadas inventa el egoísmo! ¿A qué esa confusión de los caracteres? Sea cada cual como Dios le ha hecho, y siendo distintos, se amarán más. Déjame suelta, no me amarres, no borres mi… ¿lo digo? Estas palabras tan sabias se me atragantan; pero, en fin, la soltaré… mi doisingracia.