Zumalacárregui

Zumalacárregui

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Más abundaban estas cuadrillas abyecticias en el ejército cristino que en el de Don Carlos, y en ocasiones llegaron a ser en tanto número, que los Generales hubieron de limitar el parasitismo, expulsando vagos, mercachifles y mujeres. A los grupos que aquella noche andaban a la busca y reconocimiento de muertos, agregáronse soldados que anhelaban encontrar al compañero, al paisano, al amigo. Iban de acá para allá, alumbrando el suelo con la luz de las mustias linternas, y al encontrar un muerto le nombraban. «¡Ah, Fulano, pobrecico!…». A otros nadie les conocía: llamaban con fuertes voces a soldados distantes. «Tú, ven, a ver si sabes quién es éste… Juraría que es Juanico, cabo del sexto… ¿Y aquél no es Samaniego, el guipuzcoano jugador de pelota?… ¡Miá, miá, qué cuerpo tan grande! Digo que no va a haber tierra donde meterlo… Ved aquí al pobre Chomín con pierna y media nada más, y la cabeza rota… El que no comparece es Gurumendi, más bravo que el Cid, y más feo que el hambre. ¡Ay!, aquí está el chico ese de Cirauqui… Blasillo. Su madre quedaba esta tarde en Piedramillera rezando porque no le tocaran las balas. Tiene atravesado el pecho. Maldito si saben las balas adónde van… ¡Qué dolor!… Y gracias que hoy no se han reído esos pillos, y en retirada fueron… Pero veras tú la que traman ahora… Lo que yo digo es que con este D. Córdoba no juegan… Denles mañana otra batida como ésta, y veremos adónde va a parar la taifa legítima… ¿Y por qué no viene el asoluto a ponerse aquí, en los sitios donde pegan? ¡Ah!, mientras sus soldados echaban aquí el alma, él tan tranquilo en Artaza, sentadito al amor de los tizones… Ellos, ellos, el D. Isidro ese, y la Isidra de allá, doña Cristina, debieran ser los primeros en meterse en el fuego… pues de no, no veo la equidad. ¡Ay, españoles, que es lo mismo que decir bobos!…».


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker