Zumalacárregui
Zumalacárregui —Cállate, Saloma —murmuró, reprobando este concepto un granadero esbeltísimo, portador de la linterna—, que no es ésta ocasión de bromas.
—No me callo —replicó la baturra cuadrándose—, que lo que digo es la verdad de Dios.
—Decir españoles —manifestó un vejete riojano que llevaba en un borrico su bien surtida provisión de bebida, con lo cual ganaba mucho dinero—, es lo mesmo que decir héroes. ¿Pues qué eran sino españoles netos Hernán Cortés, Colón y la Agustina de Zaragoza?… ¿Qué me contáis a mí, que estuve en la de Arapiles y en la de Vitoria? Aquí, donde me veis, un día le cosí una bota al propio lor Vellinton… Me la trajo su asistente. Un servidor de ustedes era el primer zapatero de todo el ejército aliado… Y con gran primor le cosí la bota, y él se la puso, y con ella ganó la batalla; quiero decir, que le dio la puntera a Marmont… Conque yo sé más que vosotros… y digo que españoles y héroes es lo mesmo.