Zumalacárregui
Zumalacárregui —Naturalmente. Su Majestad me ha encargado del servicio de correos y policía. El estado de guerra me autoriza a leer todas las cartas, y mayormente la de mis subalternos. Usted es mi capellán; pero aunque no lo fuera… aunque no lo fuera… La carta, muy mal escrita, le decía a usted que saliera al anochecer a la primera venta que hay en el camino de Antoñana, Parador del Manco se llama, donde la firmante le esperaba para hablarle de un asunto.
—¿Y firmaba…?
—Firmaba Mé.