Zumalacárregui
Zumalacárregui —¿Qué no? ¿Se atreve usted a decir que no? Pues sepa que esa señora pasó la noche del 14 al 15 de Diciembre en el alojamiento de los ayudantes del General; sepa usted que algunos días antes, el 10 o el 11, estuvo en Los Arcos en compañía del capellán de Gerona, con quien parece ha vivido o vive en gran intimidad. Es indudable que ha pasado de un campamento a otro trayendo y llevando recados. Hay sospechas de que para sus espionajes se disfraza de monja, en compañía de otra mujer, figurando que pertenecen a la Comunidad de Dominicas de Los Arcos, desalojadas por los cristinos… ¿Qué tiene usted que decir? ¿Por qué me pone esa cara de estupor y atontamiento?
—Pongo esta cara porque realmente me siento atontado y estúpido. Paréceme que sueño; que oigo contar cuentos de duendes y trasgos. Yo me vuelvo loco, Sr. Arespacochaga, y no sé si creer o no creer lo que escucho.
—Pues yo, en mi sano juicio, sostengo que esa señora, disfrazada de monja, se ha visto con usted el día antes de Mendaza, quizás el mismo día, y le ha inducido a llevar proposiciones de componenda, quizás de traición al General D. Luis Fernández de Córdoba. Y usted ha visto a Córdoba, no me lo niegue, y usted, antes de venir aquí, ha llevado a Zumalacárregui algún mensaje del jefe cristino, y usted…