Zumalacárregui
Zumalacárregui —Y yo puedo darle a usted noticia de acciones perdidas, de acciones ganadas. La fortuna se muestra ahora variable, caprichosa… Efectos, digo yo, de que no hay plan, o de que el plan obedece a móviles que no son militares. Verá usted. En Villarreal de Zumárraga, doloroso es confesarlo, recibió nuestra gente una soberana paliza: las cosas claras. ¿A quién se le ocurre presentar batalla con cuatro mil hombres a las fuerzas dobles o triples de Espartero y Carratalá?… Este buen señor, este D. Tomás de mis pecados, dicho sea entre nosotros con la mayor reserva, paréceme a mí que ha perdido los papeles. Verdad que se desquitó en Ormáiztegui, por aquello de que es su pueblo natal, y no quiere hacer mal papel ante sus convecinos. En Ormáiztegui, hay que decirlo, quedamos bien, gracias al arrojo de Iturralde y a la pericia de Gómez. Los cristinos salieron con las manos en la cabeza, y a estas horas no se sabe dónde han ido a componerse la descalabradura… ¿Qué me dice usted de todo esto? Parece que le conmueve poco… Veremos si otro asunto le interesa más. Ha de saber el amigo Fago que, en vista de las repugnancias que me manifestó el día de su llegada, he pensado en encargar a otra persona la delicada comisión… ¿Qué, no se acuerda?… ¿Nos hemos quedado sin memoria? ¿Qué significa esa cara de sorpresa y estupefacción?… Más bien creía yo que durante su enfermedad no ha pensado en otra cosa, y que la fiebre le ha tenido en constante lucha con la imagen de…