Zumalacárregui
Zumalacárregui —Casi no. No ha recibido más que la primera tonsura, y parece inclinado a seguir carrera muy distinta. La Intendencia y la Política le arrastran. Escribe como un águila cuanto sea menester en defensa de la causa, y demuestra extraordinaria agudeza y olfato para penetrar el sentido de los acontecimientos.
—¿Aragonés?
—De las Cinco Villas.
—No me diga usted más. Es Mariano Zapico… ¡Bah! ¡Y a un tonto semejante encarga usted misión tan delicada! Volverá trayéndole a usted sinfín de enredos.
—No, no: tiene que traerme a la monja verdadera o apócrifa.
—Yo creo que es auténtica… Si quiere usted saber la verdad, no ponga ese fino trabajo en manos tan toscas como las de Zapico.
—En las de usted quise ponerle —afirmó D. Fructuoso con viveza, creyendo fundadamente que ya le tenía cogido.