Zumalacárregui

Zumalacárregui

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Hasta la noche, después de descabezar un sueño en la venta de Eulate, no surgieron en su mente determinaciones claras del camino que debía tomar. «Me voy a Estella —se dijo—. No sé por qué imagino que no he de perder el tiempo». Nada le ocurrió al segundo día que merezca mención; pero al tercero, caminando hacia Zúñiga, sorprendiéronle unos aldeanos con la noticia de que el ejército carlista iba sobre la Berrueza para dar batalla al General Lorenzo, sucesor de Córdoba en el mando de la división. Esto le movió a cambiar de ruta, pues no gustaba de encontrarse con sus compañeros de armas en los días de Mendaza y Arquijas. Nada temía de Zumalacárregui, porque le constaba que se le habían escrito expresivas cartas dándole explicaciones de la desaparición del sargento Fago en la batalla del 12 de Diciembre. En el amañado relato, se suponía que recibió una herida en el cráneo; que se extravió en las obscuridades de la niebla; que fue a parar cerca de Estella, donde cayó gravemente enfermo, con afección a la vista. Se decía también que habiéndose presentado, ya restablecido, en el Cuartel Real, el Sr. Arespacochaga le había encargado el importantísimo servicio de organizar, entre el clero regular navarro, colectas para las atenciones de la guerra. A pesar de que estas testimoniales del Cuartel Real le aseguraban contra todo castigo, no sentía maldita gana de verse en presencia de Zumalacárregui, ni de Iturralde, ni del coronel del 5.º de Navarra. Torció, pues, su derrotero, discurriendo qué haría para no infundir sospechas en el campo cristino, hacia el cual resueltamente se encaminaba.


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