Zumalacárregui
Zumalacárregui Poco después de anochecido, dio parte el médico de que a Gorria se le podían contar los momentos que le quedaban de vida. Acudió Fago junto a su amigo, y le halló con conocimiento, aunque por minutos se le nublaba. «Buen Gorria, ¿qué es eso?
—Nada, que me muero… No puedo más… Como soy tan grandón, la muerte tiene que tirar mucho para llevarme… Por eso me duele…
—Ánimo; ¿quieres beber vino?
—Hombre, sí… y muérame pronto con este bendito trago.
—A hombres de tu temple no se les entretiene con vanas palabras. ¿Llega el momento de pasar de esta vida perversa a la vida inmortal? Pues a morir con entereza de soldado cristiano, valiente en los combates, más valiente aún en este trance último.
—¡A morir, valientes…! ¡Viva Carlos V, viva Dios!
—¿Tienes algo que disponer? ¿Tu conciencia tiene algún pecado de que descargarse? Dímelo, y ten confianza en Dios.