Zumalacárregui
Zumalacárregui De confianza en confianza, el clérigo aceptó también un cigarro; y empezando a chupar, habló así con sus compañeros de viaje: «Amigos míos, yo les agradecería mucho que me dijesen si en algún lugar de las Villas de Aragón habían conocido a una tal Saloma, o Salomé, que de ambos modos se la llamaba… natural de Miranda de Arga…
—¿Saloma?… ¿Era por casualidad tuerta del derecho?
—Hombre, no; que Dios puso en su cara dos ojos negros, hermosísimos…
—¿Baja de cuerpo y algo cargadica de espaldas?