Zumalacárregui
Zumalacárregui En el pueblo próximo, que no era Contrasta, sino Larraona, entregáronle como prisionero a una columna de la división de Aldama, y a los dos días de marcha fatigosa entró en Estella, y fue encerrado en la cárcel de esta ciudad, donde prisioneros y criminales padecían juntos la reclusión estrecha y la miseria nauseabunda. Por los cuadros lastimosos, por las caras de torturante aflicción que vio al entrar allí a media noche, hubo de comprender que le esperaba una vida de perros, si no venían en su auxilio las personas que en la ciudad conocía, o algún oficial de la guarnición cristina, aragonés, de los muchos con quienes en tiempos mejores había tenido amistad. Por de pronto, si vio caras conocidas entre los presos, no eran éstos de calidad, y ningún amparo ni protección podía esperar de los que compartían su infortunio. Dedicose el primer día al solapado examen del local, por ver si había facilidades de escapatoria; pero sus observaciones no fueron optimistas. En cambio, si resultaba cierta la noticia de que les sacaban a trabajar en las fortificaciones de la plaza, bien podía suceder que, puestos de acuerdo los más animosos, lograsen la libertad. Fijo en esta idea, empezó a tantear a sus compañeros, trabando conversación y explorando los caracteres, sin más objeto que escoger entre ellos los de mayor coraje y decisión.