Zumalacárregui

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En efecto, a la mañana siguiente, unos treinta fueron a trabajar en las obras de fortificación que activamente se hacían más allá del santuario de Nuestra Señora del Puy. Al menos, trabajando en campo libre hacían ejercicio, respiraban aire puro, se ponían en contacto con soldados de la guarnición, y al paso por la ciudad podían descubrir entre el vecindario caras amigas. Desgraciadamente para Fago, si vio los primeros días algún rostro que le recordaba antiguos conocimientos, nadie reparó en él. Diez días mortales se pasaron en triste ansiedad, sin que una voz amiga sonara en su oído, sin que una mano protectora le amparase. El desaliento le consumía; la esperanza le abandonaba; castigábale Dios por su pagana devoción del acaso, y éste, el ciego ordenador de las cosas, también le tenía en olvido y menosprecio, manteniéndole en la triste monotonía de los sucesos metódicos y regulares, sin ninguna sorpresa, sin ninguno de esos golpes teatrales que varían favorable o adversamente el curso tedioso de una vida esclava.







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