Zumalacárregui
Zumalacárregui —Se le conoce en lo aflegidico… Los hay de dos clases: los aflegidicos, que son los buenos, y los de pelo en pecho, que mataban franceses en la otra guerra, y ahora salen contra los pobres cuscos… Pues, señor, si quiere que le diga lo que hay tocante a mí, lo primero, ya digo, es que después que me plantó Sedaliz en metad de la calle, dejándome con lo puesto, me amparó uno que le llamaban Comecome, de junto a la Huecha; mas como era casado, le dejé, ya digo, porque a honradez podrán ganarme, pero a conciencia no… y me fui a Zaragoza, donde hablé con un chicarrón de infantería de la Guardia Real, ya sabe, los primeros que vinieron hace dos años a sofocar la faición, lo cual que no la sofocaron. Era el tal de junto a Tarazona, bueno como el pan; pero muy cuitadico, en fin, de los que no encuentran agua en el Ebro. Con su casaca abrochadica, el correaje en cruz, y la gorra de pelo con la chapa, estaba como un sol. A los de la Guardia se les llamó entonces guiris porque llevaban tres letras, G. R. I., en la gorra y en la cartuchera, y guiris se les llama todavía. Pues, ya digo, aquél y yo contábamos casamos cuando acabara el servicio… era un pedazo de animal como los ángeles… Pasó el Cuerpo a Logroño, y yo detrás del Cuerpo… Mandaba el General Lorenzo… Siguió el Cuerpo a Navarra al mando del General Rodil… yo no podía menos de ir detrás del Cuerpo, donde tenía mi alma… ¡Ay!, ya digo, se me parte el corazón cuando lo cuento. En la faición de Artaza me le mataron… ¡Pobre maño, rico mío! Le vi cadáver, arrimado a una peña, que parecía dormidico… Estuve mala de la desazón y me acogieron unos vecinos de Abarzuza. No le puedo contar, porque es cosa larga, cómo vine a parar a Funes, orilla de este pueblo, donde hice conocimiento con Pascual Muruve, por mote Mediagorra, que es uno de los urbanos de más calzones que tiene usted en la torre, y allí se batirá hasta dar las boqueadas, porque, ya digo, es muy entero, y él sabe que por ser tan bravo hablo con él, que si no no hablaba».