Zumalacárregui
Zumalacárregui «Sí, sí —respondió tímidamente—: soy José Fago.
—Véngase conmigo, y por el camino comeremos un bocadito».
Al coger del brazo a su colega, Ibarburu reparó en Saloma. «¿Qué pájara es ésta?» —preguntó a los chicos. Y como respondiesen que era la de Mediagorra, el capellán echó mano al bolsillo, y sacando una peseta se la dio a la baturra con estas compasivas palabras: «Toma, hija, y vete con Dios… ¡Pobre Pascual! Mañana le aplicaré la misa».
Sin oír lo que Saloma agradecida le contestaba, dirigiose al vehículo, donde ya un chico de tropa le había puesto las alforjas y la maleta. Fago le siguió silencioso. La baturra se despidió airosamente de sus paisanos con breves palabras despreciativas:
«¡Arre, asolutos!».