Barba azul
Barba azul —¡Ay, no, hermana! Lo siento, es un rebaño de ovejas.
—¿No vas a bajar? —gritaba Barba Azul.
—En un momento —respondió ella, y después preguntó una vez más:
—¡Ana!, ¿vienen ya?
—¡SÃ! —respondió—. Veo dos caballeros que vienen hacia acá, pero aún están muy lejos… ¡Gracias a Dios! ¡Son mis hermanos! —exclamó—. Estoy haciéndoles todas las señas que puedo para que se den prisa.
Barba Azul gritó tan fuerte, que toda la casa tembló. La pobre mujer bajó y se tiró a sus pies, llorosa y despeinada.
—No sirve de nada que llores —le dijo Barba Azul—. Debes morir.
Entonces la tomó del pelo con una mano y con la otra levantó el cuchillo, dispuesto a cortarle la cabeza. Ella volteó hacia él, lo vio con ojos suplicantes y le rogó que le diera un momento más de vida.
—¡No! —le dijo.
Barba Azul levantó el cuchillo…