Barba azul
Barba azul —¿Por qué la llave del gabinete no está con las demás? —le preguntó.
—Se habrá quedado arriba, sobre mi mesa… —le contestó ella.
—¡Pues dámela ahora mismo! —dijo Barba Azul.
Ella trató de retrasar el momento, pero al final tuvo que entregarle la llave. Al examinarla, Barba Azul le preguntó:
—¿Por qué la llave tiene sangre?
—No lo sé —respondió la mujer, completamente pálida.
—¿No lo sabes? —repitió Barba Azul—. Pues yo sÃ… Porque entraste al gabinete. Muy bien, ahora regresarás a él y ocuparás tu lugar junto a las mujeres que viste.
Ella se arrodilló a los pies de su marido, llorando y pidiéndole perdón, verdaderamente arrepentida de no haberlo obedecido. Hermosa y afligida como estaba, habrÃa enternecido a una roca; pero Barba Azul tenÃa el corazón más duro que una piedra.
—Debes morir —le dijo—. ¡Ahora mismo!
—Si debo morir —le respondió, mirándolo con los ojos llorosos—, dame un poco de tiempo para rogar por mi alma.
—Te doy un cuarto de hora —respondió Barba Azul—. Ni un minuto más.