Caperucita roja
Caperucita roja Caperucita Roja tiró la aldaba y la puerta se abrió.
Viéndola entrar, el lobo le dijo, mientras se escondÃa en la cama bajo la frazada:—Deja la torta y el tarrito de mantequilla en la repisa y ven a acostarte conmigo.
Caperucita Roja se desviste y se mete a la cama y quedó muy asombrada al ver la forma de su abuela en camisa de dormir.
Ella le dijo:—Abuela, ¡qué brazos tan grandes tienes!—Es para abrazar mejor, hija mÃa.
—Abuela, ¡qué piernas tan grandes tienes!—Es para correr mejor, hija mÃa.
Abuela, ¡qué orejas tan grandes tienes!—Es para oÃr mejor, hija mÃa.
—Abuela, ¡que ojos tan grandes tienes!—Es para ver mejor, hija mÃa.
—Abuela, ¡qué dientes tan grandes tienes!—¡Para comerte mejor!Y diciendo estas palabras, este lobo malo se abalanzó sobre Caperucita Roja y se la comió.
