Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault Al cabo de cien años, el hijo del rey que reinaba entonces y que era de distinta familia que la Princesa dormida, habiendo ido de caza por aquella parte, preguntó qué torres eran aquellas que veía por encima de un gran bosque muy espeso; cada uno le respondió según lo que había oído decir. Unos decían que era un viejo castillo donde se aparecían espíritus; otros, que todas las brujas de la comarca celebraban allí su aquelarre. La opinión más común era que vivía en él un ogro y que llevaba allí a todos los niños que podía coger, para poder comérselos a sus anchas y sin que pudieran seguirlo, pues solo él tenía el poder de abrirse paso por el bosque. El Príncipe no sabía qué pensar de todo aquello, cuando un viejo campesino tomó la palabra y le dijo:
—Príncipe, hace más de cincuenta años oí decir a mi padre que en ese castillo había una princesa, la más hermosa del mundo, que tenía que dormir en él cien años, y que la despertaría el hijo de un rey, a quien estaba destinada.