Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault Pasaron a un salón de espejos, y allí cenaron, atendidos por los encargados del servicio de la Princesa; los violines y los oboes tocaron piezas antiguas pero excelentes, aunque hacía más de cien años que nadie las tocaba; y después de cenar, sin pérdida de tiempo, el gran capellán los casó en la capilla del castillo y la dama de honor corrió la cortina; durmieron poco: la Princesa no lo necesitaba mucho, y el Príncipe la dejó por la mañana para volver a la ciudad, donde su padre estaría inquieto por él.
El Príncipe le dijo que, cazando, se había perdido en el bosque y que había dormido en la choza de un carbonero, que le dio de comer pan negro y queso. El Rey, su padre, que era buena persona, lo creyó, pero su madre no quedó muy convencida y, viendo que iba casi todos los días de caza y que siempre tenía a mano una razón para disculparse cuando había dormido dos o tres noches fuera de casa, ya no dudó que tuviera algún amorío: y es que vivió con la Princesa más de dos años enteros y tuvo de ella dos hijos: el primero fue una niña, a quien dieron por nombre Aurora, y el segundo un hijo, a quien llamaron Día, porque parecía aún más hermoso que su hermana.
