Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault —Soy su nieta, Caperucita roja, y le traigo una torta y un tarrito de mantequilla que le envÃa mi madre.
El lobo le gritó, suavizando un poco la voz:
—Tira de la aldabilla y caerá la tarabilla.
Caperucita roja tiró de la aldabilla y se abrió la puerta. El lobo, al verla entrar, le dijo mientras se ocultaba en la cama bajo la manta:
—Deja la torta y el tarrito de mantequilla encima del arca y ven a acostarte conmigo.

Caperucita roja se desnudó y fue a meterse en la cama, donde se quedó muy sorprendida al ver cómo era su abuela en camisón. Le dijo:
—¡Abuelita, qué brazos más grandes tiene!
—Son para abrazarte mejor, hija mÃa.
—¡Abuelita, qué piernas más grandes tiene!
—Son para correr mejor, niña mÃa.
—¡Abuelita, qué orejas más grandes tiene!
—Son para oÃr mejor, niña mÃa.
—¡Abuelita, qué ojos más grandes tiene!
—Son para ver mejor, niña mÃa.
—¡Abuelita, qué dientes más grandes tiene!
—¡Son para comerte![94]
Y diciendo estas palabras, el malvado del lobo se arrojó sobre Caperucita roja y se la comió.
