Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault Al dÃa siguiente, él le pidió las llaves, y ella se las dio, pero con una mano tan temblorosa, que él adivinó sin esfuerzo lo que habÃa pasado.
—¿Cómo es que —le dijo— la llave del gabinete no está con las demás?
—Se me habrá quedado arriba en la mesa —dijo.
—No dejéis de dármela en seguida —dijo Barba azul.
Después de aplazarlo varias veces, no hubo más remedio que traer la llave. Barba azul, habiéndola mirado, dijo a su mujer:
—¿Por qué tiene sangre esta llave?
—No lo sé —respondió la pobre mujer, más pálida que la muerte.
—No lo sabéis… —prosiguió Barba azul—. Pues yo sà que lo sé: habéis querido entrar en el gabinete. Pues bien, señora, entraréis en él e iréis a ocupar vuestro sitio al lado de las damas que habéis visto.
Ella se arrojó a los pies de su marido, llorando y pidiéndole perdón con todas las muestras de un verdadero arrepentimiento por no haber sido obediente. Hermosa y afligida como estaba, hubiera enternecido a una roca; pero Barba azul tenÃa el corazón más duro que una roca.
—Señora, habéis de morir —le dijo—, y ahora mismo.