Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault La pobre mujer, volviéndose hacia él y mirándolo con sus ojos moribundos, le rogó que le concediera un momentito para recogerse.
—No, no —dijo—, encomiéndate bien a Dios.
Y, levantando el brazo…
En aquel momento llamaron tan fuerte a la puerta, que Barba azul se detuvo de repente: abrieron y en seguida vieron entrar a dos caballeros que, espada en mano, se lanzaron directamente hacia Barba azul. Él reconoció a los hermanos de su mujer, el uno dragón y el otro mosquetero[100], asà que huyó en seguida para salvarse; pero los dos hermanos lo persiguieron tan de cerca, que lo cogieron antes de que pudiera alcanzar la escalinata. Le traspasaron el cuerpo con su espada y lo dejaron muerto.

La pobre mujer estaba casi tan muerta como su marido y no tenÃa fuerzas para levantarse y abrazar a sus hermanos.
Sucedió que Barba azul no tenÃa herederos, y asà su mujer quedó dueña de todos sus bienes. Empleó una parte en casar a su hermana Ana con un joven gentilhombre que la amaba desde hacÃa mucho tiempo; empleó la otra parte en comprar cargos de capitán para sus dos hermanos; y el resto en casarse ella también con un hombre muy cortés y biencriado, que le hizo olvidar los malos ratos que habÃa pasado con Barba azul.