Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault Cuando el gato tuvo lo que habÃa pedido, se puso las botas bien puestas y, echándose el saco al hombro, cogió los cordones con sus dos patas delanteras, y se fue a un coto donde habÃa muchos conejos. Echó salvado y cerrajas[104] en el saco y, tumbándose como si estuviera muerto, esperó que algún conejillo todavÃa poco experto en las trampas de este mundo viniera a meterse en el saco para comer todo lo que habÃa echado.

Apenas se habÃa tumbado, cuando ya pudo sentirse satisfecho; un conejillo distraÃdo entró dentro del saco, y maese gato, tirando en seguida de los cordones, lo cogió y lo mató sin compasión.
Muy orgulloso de su presa, se fue al palacio del Rey y solicitó hablar con él. Lo hicieron subir a los aposentos de Su Majestad, donde nada más entrar hizo una profunda reverencia al Rey y le dijo:
—Majestad, este es un conejo de campo, que el señor marqués de Carabás —era el nombre que le habÃa parecido bien dar a su amo— me ha encargado ofreceros de su parte.
—Di a tu amo —respondió el Rey— que se lo agradezco y que me agrada mucho.