Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault Otro día fue a esconderse en un trigal, siempre con el saco abierto; y, cuando hubieron entrado en él dos perdices, tiró de los cordones y las cogió a las dos. Después fue a ofrecérselas al Rey como había hecho con el conejo de campo. El Rey recibió otra vez con agrado las dos perdices y mandó que le dieran una propina.
El gato siguió así dos o tres meses, llevando de cuando en cuando al Rey piezas de caza de parte de su amo.
Un día en que se enteró de que el Rey iba a salir de paseo a orillas del río con su hija, la princesa más hermosa del mundo, dijo a su amo:
—Si queréis seguir mi consejo, vuestra fortuna es cosa hecha: no tenéis más que bañaros en el río en el sitio que yo os indicaré y luego dejarme hacer.
El marqués de Carabás hizo lo que le aconsejaba su gato, sin saber adónde iría a parar la cosa. Mientras se estaba bañando, pasó el Rey, y el gato se puso a gritar con todas sus fuerzas:
—¡Socorro, socorro, que se ahoga el señor marqués de Carabás!
Ante aquellos gritos, el Rey sacó la cabeza por la portezuela y, conociendo al gato que le había llevado caza tantas veces, ordenó a sus guardias que fueran en seguida a socorrer al señor marqués de Carabás.