Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault —Sois tan hermosa, tan buena y tan cortés, que no puedo dejar de concederos un don —pues era un hada que habÃa tomado la forma de una pobre campesina, para ver hasta dónde llegarÃa la cortesÃa de aquella joven—. Os otorgo el don —prosiguió el hada— de que, a cada palabra que digáis, salga de vuestra boca una flor o una piedra preciosa.
Cuando la hermosa joven llegó a casa, su madre la regañó por volver tan tarde de la fuente.
—Os pido perdón, madre —dijo la pobre niña—, por haber tardado tanto.
Y, al decir esto, le salieron de la boca dos rosas, dos perlas y dos gruesos diamantes.
—¡Qué veo! —dijo su madre, muy asombrada—. Si parece que le salen de la boca perlas y diamantes. ¿Cómo es eso, hija mÃa?
Era la primera vez que la llamaba hija.
La pobre niña le contó sencillamente todo lo que habÃa pasado, sin dejar de echar una infinidad de diamantes.
—Pues tengo que mandar a mi hija allá —dijo la madre—. Fijaos, Paquita, mirad lo que sale de la boca de vuestra hermana cuando habla. ¿No os agradarÃa tener el mismo don? No tenéis más que ir a sacar agua a la fuente y, cuando una pobre mujer os pida agua, dársela amablemente.