Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault —¡Lo que faltaba! ¡Ir yo a la fuente! —respondió la malcriada.
—Pues yo quiero que vayáis —repuso la madre—, y ahora mismo.

Se fue, pero sin dejar de refunfuñar. Cogió el frasco de plata más bonito que habÃa en la casa. En cuanto llegó a la fuente, vio salir del bosque a una dama magnÃficamente vestida que vino a pedirle de beber: era la misma hada que se le habÃa aparecido a su hermana, pero habÃa tomado el aspecto y los vestidos de una princesa para ver hasta dónde llegarÃa la descortesÃa de aquella joven.
—¿Creéis que he venido aquà —le respondió aquella orgullosa malcriada— para daros de beber? ¡Como que he traÃdo un frasco de plata para dar de beber a la señora! ¡Me parece que tendréis que beber a morro si queréis!
—No sois muy cortés que digamos —repuso el Hada sin enfadarse—: bueno, pues ya que sois tan poco complaciente, os otorgo el don de que, a cada palabra que digáis, os salga de la boca una serpiente o un sapo.

En cuanto la vio su madre, le gritó:
—¿Qué hay, hija mÃa?
—¡Qué hay, madre mÃa! —le respondió la malcriada echando dos vÃboras y dos sapos.