Cuentos de Perrault

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Cuando terminaba su labor, se iba a un rincón de la chimenea y se sentaba en las cenizas[108], por lo que en casa la llamaban generalmente Culocenizón[109]. La menor, que no era tan descortés como su hermana, la llamaba Cenicienta: sin embargo Cenicienta, con sus malos vestidos, no dejaba de ser cien veces más hermosa que sus hermanas, aunque iban magníficamente vestidas.

Sucedió que el hijo del Rey dio un baile, al que invitó a todas las personas de calidad: nuestras dos doncellas fueron también invitadas, pues estaban muy en candelero en el país. Y ahí las tenemos muy contentas y muy atareadas en elegir los vestidos y los peinados que mejor les sentaban: nuevos trabajos[110] para Cenicienta, porque a ella le tocaba planchar la ropa de sus hermanas y alechugar los puños. No hablaban más que de la forma de vestirse.

—Yo —dijo la mayor— me pondré el vestido de terciopelo rojo y el aderezo de Inglaterra.

—Yo —dijo la menor— solo llevaré la falda ordinaria, pero, en cambio, me pondré el abrigo de flores de oro y el broche de diamantes, que no es de los más vistos.


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