Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault Mandaron buscar a la peluquera para que hiciera los peinados de dos pisos[111] y encargaron que se compraran lunares postizos[112] en la sastrerÃa: llamaron a Cenicienta para que les diera su parecer, porque tenÃa buen gusto. Cenicienta les aconsejó lo mejor que pudo y hasta se ofreció a peinarlas; cosa que aceptaron de buen grado.
Mientras las peinaba, ellas le decÃan:
—Cenicienta, ¿te gustarÃa ir al baile?
—Ay, señoritas, os estáis burlando de mÃ, eso no está hecho para mÃ.
—Tienes razón, se reirÃan mucho si vieran ir al baile a un Culocenizón.
Otra que no fuese Cenicienta las hubiera peinado al revés; pero ella era buena y las peinó perfectamente bien. Estuvieron casi dos dÃas sin comer, de tan transportadas de alegrÃa como estaban. Rompieron más de doce cordones a fuerza de tirar de ellos para conseguir una cintura más fina, y siempre estaban delante del espejo.
Al fin llegó el feliz dÃa, se marcharon, y Cenicienta las siguió con los ojos todo el tiempo que pudo; cuando las perdió de vista, se echó a llorar. Su madrina, al verla bañada en lágrimas, le preguntó qué le pasaba.
—Me gustarÃa mucho… Me gustarÃa mucho…