Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault Lloraba tan fuerte, que no pudo acabar. Su madrina, que era hada, le dijo:
—Te gustarÃa mucho ir al baile, ¿no?
—¡Ay, sÃ! —dijo suspirando Cenicienta.
—Pues bien, si eres buena chica —dijo su madrina—, haré que vayas.
La llevó a su habitación y le dijo:
—Ve al jardÃn y tráeme una calabaza.
Cenicienta fue en seguida a coger la más hermosa que pudo encontrar y se la llevó a su madrina, sin lograr entender cómo aquella calabaza podrÃa hacerla ir al baile.

Su madrina la vació, dejando solo la corteza, la tocó con su varita mágica, y la calabaza se convirtió en seguida en una hermosa carroza dorada.
Después fue a mirar en la ratonera, donde encontró seis ratones vivos aún; dijo a Cenicienta que levantara un poco la trampa de la ratonera, y a cada ratón que salÃa lo golpeaba con su varita, y en seguida el ratón se transformaba en un hermoso caballo; lo cual formó un precioso tiro de seis caballos, de un hermoso color de ratón tordillo claro. Como estuviera preocupada por encontrar algo que le sirviera de cochero:
—Voy a ver —dijo Cenicienta— si hay alguna rata en la ratonera; haremos de ella un cochero.
—Tienes razón —dijo su madrina—, ve a ver.