Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault —Si hubieras ido al baile —le dijo una de sus hermanas—, no te habrÃas aburrido; ha ido una princesa hermosÃsima, la más hermosa que se haya podido ver jamás. Nos ha hecho mil demostraciones de cortesÃa y nos ha dado naranjas y limones.
Cenicienta no cabÃa en sà de gozo: les preguntó el nombre de la princesa; pero le contestaron que nadie la conocÃa, que el hijo del Rey lo sentÃa mucho, y que darÃa cualquier cosa por saber quién era.
Cenicienta sonrió y les dijo:
—¿Asà que era muy hermosa? ¡Dios mÃo, qué suerte tenéis! ¿No podrÃa verla yo? ¡Ay, señorita Javotte[116], dejadme el vestido amarillo que os ponéis a diario!
—Pues sà —dijo la señorita Javotte—. ¡Precisamente en eso estaba yo pensando! Muy loca tendrÃa que estar para dejar mi vestido a tan feo Culocenizón.
Cenicienta contaba con aquella negativa y se alegró de ello, porque se hubiera visto muy confusa si su hermana hubiera accedido a dejarle su vestido.
Al dÃa siguiente, las dos hermanas fueron al baile y Cenicienta también, pero aún mejor ataviada que la primera vez.