Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault El clasicismo francés, desde el punto de vista formal, se caracteriza por la disciplina, el orden, la regularidad. Disciplina impuesta, estabilización de un orden, sujeción a un conjunto de normas y reglas. Asà se explica que el barroco español del siglo XVII, con su exuberancia, desmesura y retorcimiento, apenas tuviera influencia en Francia. Elementos levemente barrocos (más que barrocos deberÃan llamarse «manieristas», dado que se trata más bien de adornos retóricos, ornamentos de lenguaje y efectos sonoros) pueden rastrearse en la primera época del poeta François de Malherbe (1555-1628), pero, como puede verse por las fechas —Malherbe muere el mismo año en que nace Perrault—, prácticamente no tuvieron incidencia en el siglo XVII; también en poetas como Théophile de Viau (1590-1626) o Saint-Amant (1594-1661), y en el fenómeno de la tragicomedia —por lo demás poco notable—, que llegó a influir en algunas de las primeras piezas de Corneille. De hecho, El Cid, obra de Corneille estrenada en 1636, con tema español y no sujeta a las reglas, provocará una polémica en la que finalmente acabarán triunfando el clasicismo y la «razón». Pero el factor común de la literatura del XVII —y en general de casi toda la literatura francesa— es la claridad: la «idea clara y distinta» de la filosofÃa de Descartes (1596-1650) impregna el pensamiento y se traslada a la literatura. La Academia francesa, creada en 1635 por Richelieu, viene a ser una especie de consagración oficial de la literatura, cuya dignidad no puede verse empañada con aventuras barrocas, poemas incomprensibles o metáforas insolentes.