Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault Pero esto es solo una parte de su actividad. Como inspector general de obras tiene que revisar los planos de los arquitectos, tratar con los empresarios y constructores, controlar los presupuestos y verificar los salarios, inspeccionar los trabajos —a veces pateando el barro— y pasar a Colbert los informes pertinentes. Como académico, desde 1671, reforma y regula los horarios de la Academia; multiplica las sesiones de trabajo; establece un control de asistencia; idea un nuevo sistema de elección de candidatos a los sillones vacantes, de modo que las votaciones se efectúen en secreto, mediante una elemental máquina de su propia invención; admite al público a las sesiones de recepción, que se llevan a cabo con gran solemnidad; da un empujón al Diccionario de la Academia, contribuyendo con un prólogo, etc. Su labor se extiende a otros campos y menesteres, tales como aconsejar a Colbert sobre la elección de artistas y hombres de letras; llevar las consignas del ministro a la Academia de Pintura y Escultura; elaborar la lista de sabios franceses y extranjeros que servirá de base a la futura Academia de Ciencias; instalar un laboratorio quÃmico en la Biblioteca Real; ocuparse de la construcción del observatorio… y un largo etcétera. También es cierto que, valiéndose de su influencia, fue «colocando» donde mejor pudo a sus hermanos y amigos —lo mismo que harÃa Pulgarcito— e, igualmente, que dejó en la sombra o eliminó a otros con quienes simpatizaba menos o que eran abiertamente enemigos. Tal comportamiento parece ser el espejo oscuro de la corte y los cortesanos. Cuando Colbert vea que su hijo podrÃa desempeñar el papel de Perrault, tampoco dudará en desplazar al académico.