Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault Hacia 1781 apareció por primera vez una versión apócrifa de Piel de Asno, de autor desconocido, que redujo a prosa los ya bastante prosaicos versos de Perrault. En esta versión en prosa se conserva sustancialmente el argumento, aunque se han suavizado ciertos detalles: El rey no quiere casarse por propia voluntad, sino a petición del pueblo, que lo insta a casarse en una escena muy semejante a la de Grisélidis; el casuista es sustituido por un «viejo druida», etcétera. Por desgracia ha sido este falso cuento el que generalmente ha venido publicándose y el que ilustró Doré, de forma que algunas de las escenas ilustradas no aparecen en el cuento original. Así la de la Princesa, que va en busca del «hada de las Lilas» «en un lindo carruaje tirado por un gran carnero que conocía todos los caminos», o la del día en que, estando en el campo al cuidado de los pavos, se le ocurre mirarse en una fuente, lavarse y hasta bañarse…
Curiosamente fue esta versión en prosa la que tan calurosamente alabó Flaubert, que quizá no conocía la verdadera. «¡Y decir —concluía— que mientras vivan los franceses Boileau pasará por ser mejor poeta!». Si lo hubiera oído Perrault, se habría agitado de gozo en su tumba.
Los deseos ridículos