Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault Si comparamos Piel de Asno con Grisélidis, notaremos un considerable avance. Ya Perrault aquí no se preocupa tan obsesivamente por la verosimilitud propia de la «novela», cuanto por el interés y maravilla propios del «cuento». En Grisélidis aún se cuidaba de explicar y justificar movimientos, comportamientos, sucesos. En Piel de Asno, en cambio, observa Marc Soriano «que Perrault conserva cuidadosamente una multitud de detalles poco verosímiles o traídos por los pelos, como si pensara que el encanto de los viejos cuentos justamente consistiera en narrarlos sin preocuparse del arte o de la lógica». No obstante, han quedado todavía en él varias alusiones mitológicas o sarcásticas —como la del casuista—, metáforas ampulosas y amplísimas —como las que acompañan a la aparición de cada vestido—, multiplicidad de adjetivos, el hipérbaton típico del verso, etc., por lo que Soriano concluye que, «a pesar de algunos hallazgos y ciertos logros, el cuento en su conjunto deja evaporar el encanto y la simplicidad de los cuentos populares; no evita, la mayor parte del tiempo, el estilo ordenado, laborioso y acompasado». Perrault no ha encontrado aún su camino.