Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault Se ha hablado de las veladas alusiones a la fortuna y latifundios de los Louvois, que encubriría la repetida fórmula «Es del señor marqués de Carabás». (Recuérdese que fue Louvois quien despojó a Perrault de su último cargo ministerial). De ser así, el cuento encerraría un terrible sarcasmo, si tenemos en cuenta que en 1694 el hambre azotó duramente a los campesinos del magnífico reino de Luis XIV… Aunque no por ello hay que ver en Perrault una especie de profeta social denunciador de miserias, a estilo de La Bruyère o Fénelon, no. Él era un buen burgués, que de vez en cuando también se burlaba finamente de la imprevisión y «paletez» de los campesinos, como en Pulgarcito. Sin que por ello dejase de ironizar oportunamente a costa de notarios y procuradores, como en nuestro cuento, o sobre la virtud que poseen las riquezas para convertir a los barbazules en hermosos galanes, y en marqueses a los molineros…
Las hadas
El tema de la insolencia castigada es un lugar común en todas las literaturas, y su procedencia habría que buscarla muy arriba. Es casi seguro que Perrault, como buen latinista, había leído en las Metamorfosis de Ovidio (VI,317-381) la venganza de Latona y la consiguiente transformación de los campesinos en ranas. Pero para elaborar este cuento le bastaron una vez más los italianos Straparola (III,3) y Basile (III,10 y IV,7).