Cuentos de Perrault
Cuentos de Perrault Perrault tituló el cuento Las hadas, cuando en él solo aparece una, refiriéndose sin duda al estilo imprevisible, pero justo, de las hadas. ¿Pensaba ya en este cuento cuando, en 1694, escribÃa en el prólogo a sus cuentos en verso: «A veces se trata de Hadas que, a la joven que les haya contestado con amabilidad y cortesÃa, le conceden el don de que, a cada palabra que diga, le salga de la boca un diamante o una perla; y a la joven que les haya contestado brutalmente, que a cada palabra le salga de la boca una rana o un sapo»? La pregunta tiene su importancia, porque su sobrina habÃa tratado un año antes que Perrault el mismo tema, si bien mezclado con el de Cenicienta, en Los encantos de la elocuencia (1695). De todos modos, copiara uno de otro, o dependieran ambos de una fuente común, oral o escrita, se percibe claramente la diferencia de tratamiento. Perrault ha eliminado por completo las ampliaciones y el florido semibarroquismo de Los encantos… Como La Bella durmiente, también este ha sido pulido, depurado, aligerado de detalles inútiles, casi dirÃamos que, de puro conciso, ha quedado reducido a la mÃnima expresión. Y, aun asÃ, subsisten los inconfundibles rasgos humorÃsticos, como ese del prÃncipe que, al verla arrojar perlas y diamantes, considera que bien puede casarse con ella, pues no encontrará otra que pueda aportar mejor dote al matrimonio.
Cenicienta o el zapatito de cristal